dijous, 9 de juliol del 2015

Bali: La Perla de Indonesia

Actualización 19 de marzo 2016:

Ya he transferido completamente éste blog a mi nuevo blog www.cintiasloveinaction.com

He puesto mucha energía en él y me encantaría veros por allí.
Os espero con los brazos abiertos!

Cintia


Preparando mi viaje

Desde hace ya un tiempo cuando empecé a preparar mi viaje por el sureste asiático sentí una llamada muy fuerte para ir a Bali. De no ser uno de los destinos que más tenía en mente, pasó a ser casi una obsesión por la fuerza que esa isla tiraba de mí.

De repente empecé a conocer gente que había estado en Bali y todo el mundo me recomendaba que fuera, libros que leía sobre espiritualidad hablaban de la fuerte tradición balinesa y profunda espiritualidad de la isla, e incluso tuve dos sueños “reveladores” que confirmaron mi llamada: debía ir allí!


Cuando empecé a buscar información en Google y a saber un poco más en profundidad la emoción iba “in crescendo”. Sentía que Bali podría ser un buen lugar para vivir una temporada, aunque de momento el destino tan sólo me ha permitido disfrutarla durante 3 semanas.

Llegada a Bali

La llegada a Denpasar, el aeropuerto principal de Bali, ya irradia algo especial. Un gran cartel publicitario te da la bienvendia: “Welcome to Paradise”… el único rótulo de publicidad que dice una verdad? 

Pasamos un par de días en Kuta, una de las localidades más cercanas al aeropuerto y famosa por el ambiente y la fiesta que allí puedes encontrar. Nuestro interés no eran los clubs nocturnos y las “happy hours” pero debo admitir que entre todo ese ambiente fiestero totalmente ajeno a mí, empecé a encontrar rastros de una cultura que empezaba a enamorarme.

Primeras impresiones

En Bali da igual donde estés… hoteles, restaurantes, bancos, spas, tiendas, comercios, casas, templos, lugares de interés cultural… todo derrocha esencia y espiritualidad. Recuerdo perfectamente la mezcla de sensaciones que tuvimos cuando nos sentamos a comer en un bello y exótico restaurante mexicano en Kuta, un restaurante con un estanque lleno de peces y una fuente preciosa que impregnaba el aire con su sonido acuático… y recuerdo cómo me fascinó ver a las camareras haciendo sus ofrendas, rituales y oraciones delante de los templos que tienen allí dentro del mismo restaurante. Era mágico, sin más!



Derrochando espiritualidad

Pases por donde pases, mira hacia el suelo porque por todos lados encontrarás las omnipresentes “chanang”,  que son unas ofrendas a sus dioses hechos con hoja de palma y decorado con pétalos de flores, dulces, caramelos, incienso, fruta o cualquier otro elemento que suponga una ofrenda.
Esas ofrendas la hacen la gente, tanto hombres y mujeres, todos de religión hinduista, y se hacen a lo largo y ancho del país, aunque mayormente veía que las hacían las mujeres vestidas con sus bonitos trajes balineses tan coloridos y llamativos y flores en la cabeza, bandejas en mano llenas de “chanang” para colocarlos en diversos lugares y un pose pacífico y devoto que te invitaba a quedarte mirándoles con cara de curiosidad.


Si algo me llamó la atención era como los templos se entremezclaban con las casas y la vida en la calle con una normalidad aplastante. Con una naturalidad sin igual. A veces pensaba que era un templo y quería entrar a verlo y resulta que era una casa privada! Era como un suave baile entre religión y cotidianidad, entre espiritualidad y vida cotidiana. Y mientras ibas paseando por sus calles te ibas empapando de vida, de cultura, de belleza…

Otra de las cosas que a primera vista más me impactó fue cómo la naturaleza se entremezclaba con las ciudades, las calles, las casas y los templos. Árboles, plantas, flores, peceras, guirnaldas… eran la decoración natural de un país que vive en un enclave natural único en el mundo.



Y es que Bali, es mucha Bali. Hablar de “la perla de Indonesia” es hablar de naturaleza en estado puro. Pura vida. Y eso me atrapó por completo! No había un solo hotel que no fuera bonito, decorado con gusto. Mayormente rodeado de jardines exuberantes y balcones con plantas que hacían tu estancia en el paraíso, una experiencia inolvidable.

Simbología balinesa

Tal como comentaba, Bali derrocha espiritualidad, eso es algo innegable y que se percibe y se respira a simple vista. Por todos lados encuentras estatuas de dioses, muchas de ellas de Ganesha, la diosa hindú con forma de elefante que atrae abundancia y buena suerte; símbolos de “Om” y otro símbolo que es como la esvástica nazi pero con las aspas en sentido contrario y no tiene nada que ver con el nacismo.


Yo venía de viajar por otros países del sureste asiático y más o menos puedes encontrar similaridades entre unos y otros, pero Bali es otro mundo aparte. El hinduismo que se practica aquí, no es por ejemplo el mismo que practican en la India.

A grandes rasgos definiría el hinduismo de la India como más “fanático” y el de Bali como más “devoto” o “espiritual”, más “relajado” para entendernos.

Para empezar, la arquitectura de los templos balineses es totalmente única y singular, jamás había visto nada igual y tan bello! Los templos aquí están construidos bajo otros conceptos geométricos y también con otros materiales cómo son la piedra de la lava volcánica, madera, o fibra de coco para hacer algunos “tejados” de templos o diferentes pisos.

Los balineses creen principalmente en las buenas y malas energías, y lo que ellos llaman “White magic” (magia blanca) o “black magic” (magia negra). Para ellos la magia negra no es lo que a muchos nos viene a la cabeza así como “vudú” o “ouija”, es más la influencia de energías negativas en lugares y personas que afectan a otros. Es por ello que centran la mayor parte de su espiritualidad a combatir y neutralizar esas energías invocando a sus dioses para pedirles protección para ellos, sus casas y seres queridos y limpiando los espacios con incienso.



Toda ésta creencia acerca del bien y del mal, lo blanco y lo negro, lo positivo y lo negativo radica en la creencia de la armonía o desarmonía entre fuerzas. Ellos buscan principalmente la armonía mediante la simbología que se encuentra en toda su cultura.

Por ejemplo en la entrada de las casas tienen dos templos, uno a la izquierda y otro a la derecha, que sirve para encontrar el equilibrio entre la luz y la oscuridad, el blanco y el negro.


Ellos asocian el incienso con el elemento fuego, ir al cielo (paraíso). El buen olor que brinda aporta buena energía, buena vibración y limpieza energética.

Las flores significan algo sagrado para los balineses, simbolizan la belleza, la felicidad, la alegría del corazón. Por eso ponen tantas flores en todas partes, para irradiar belleza y felicidad.

Las ofrendas que hacen a sus dioses (Ganesha, Shiva, Brahma, Vishnu….) es para dar gracias. Mas que pedir o suplicar a Dios como lo hace la religión cristiana mayormente, ellos hablan con sus dioses para agradecerles todo lo que les brindan: principalmente comida y protección.

Visitar templos

Puedes visitar la infinidad de templos de la isla en tours que se pueden reservar en hoteles, agencias y oficinas de atención a turistas o bien en transporte privado. En sí la isla no es demasiado grande (puedes darle la vuelta en un día). Si coges un tour de un día las entradas a los templos no están incluidas, aunque no son demasiado caras (aprox 1-2 euros por persona).

Nos decepcionó bastante las normas de algunos de los templos que por motivos religiosos no dejan entrar a las mujeres con la menstruación (eso sólo lo vi en uno para ser honesta) o no dejan entrar a turistas al templo principal (como nos sucedió en el famoso templo de Tanah Lot) por el simple hecho de ser turistas o de diferente religión. Para mí eso es algo que no está bien, pues nosotros los turistas pagamos la misma entrada que todo el mundo, pero luego no tenemos acceso, algo que suena bastante extraño. Educadamente hicimos una carta de queja, más que nada para informar cómo nos sentimos de “estafados” como turistas en éste templo en concreto.

En la mayoría de templos se tiene que entrar con “sarong”, un pañuelo que se ata a la cintura como si fuera una falda. En la mayoría de ellos te dejan uno en la entrada, aunque también puedes alquilar uno o comparte tu uno más bonito y quedártelo de recuerdo o usarlo para vestir como hacía yo.

Transporte en Bali

La verdad es que la conexión entre lugares en Bali es bastante mala y cara. Por todos los países por donde he ido pasando jamás he tenido tantos problemas para desplazarme como en Bali. Aquí no hay los omnipresentes buses públicos que por dos duros te llevan a la otra punta del país.

Mayormente la gente se desplaza en taxi (la opción más cara aunque también la más cómoda), en “shuttle bus” (bastante caro también para ser un bus, precios para turistas) o en motocicleta (alquilar una scooter es una buena opción pero si vas con mochila y sois dos puede ser más complicado, aunque sigue siendo la opción más popular).

El paraíso de los “spas” y el bienestar

Si lo que buscas es un lugar donde relajarte, darte unos buenos massages a buen precio (1h, 4 euros aprox), ver lugares increíbles, bañarte en aguas termales y todo lo que tenga que ver con el bienestar personal, Bali tiene  mucho que ofrecerte. Clases de yoga, meditación, cursos de sanación, sanación con piedras y flores, todo tipo de terapias naturales… a mi que todo éste mundo me apasiona, me volvía loca!

Cultura balinesa

Bali tiene una riqueza cultural increíble en cuanto a arte, danza, gastronomía, música… y pese a la fuerte influencia de turistas desde hace varias décadas sigue manteniendo su esencia, tradiciones y costumbres, lo cual me parece maravilloso pues parece que allí por donde pasan los “occidentales”, arrasan a su paso.


Obviamente es una isla muy turística y con todas las comodidades que podemos tener en Occidente. Eso no quiere decir que aquí no tengan móviles o que aquí no puedas comerte una hamburguesa y patatas fritas!!! El hecho radica en que  su particular cultura sigue viva y latente.
Uno de las actividades más interesantes que puedes hacer es ir a ver un espectáculo de danza balinesa. Es como un teatro donde bailan y representan personajes y significados relacionados con sus creencias religiosas y espirituales. La música en directo, las ropas y los movimientos de las bailarinas… son sin duda un espectáculo.

Recomiendo Bali 200%

Amigo@s, sin duda alguna Bali es un universo por descubrir. Tal como os comentaba yo sólo estuve 3 semanas y vi diferentes lugares (hablaré de ellos más detenidamente en otros posts) pero lo que tengo claro es que esa isla me llama y algún día quiero volver para recorrerla en más profundidad, para ver lugares que no me ha dado tiempo ver, para adentrarme en los misterios de una cultura que no se porqué motivo me atrae tanto y me invita a descubrir también una parte de mi que se identifica con “lo que allí se cuece”…


Seguiré relatándoos mis aventuras por Bali y el resto de Indonesia!
Un abrazo de corazón!


dissabte, 20 de juny del 2015

La magia de U-Bein bridge, en Amurapura

Actualización 19 de marzo 2016:

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Cintia


Mi viaje a Myanmar fue sencillamente apasionante. 28 días que dieron mucho de sí y me permitieron conocer una cultura fascinante, una gente maravillosa (la más amable y acogedora de todos los países en los que he estado hasta ahora) y lugares de una belleza excepcional.

Aparte de la espectacular Bagan, un lugar que me robó literalmente el corazón fue el puente de U-Bein, en Amurapura a 11 Km de la ciudad de Mandalay.

Normalmente éste puente se visita en uno de los tours que se puede hacer desde Mandalay, el cual incluye la visita a Inwa, Saigang y a última hora de la tarde, Amurapura.

Ese puente, famoso por ser el puente de teca más largo del mundo, con 1,2 km de largada, es un puente con una magia y una energía muy especial, y se recomienda visitarlo al atardecer donde se puede ver una de las puestas de sol más bonitas que pueda haber. A mi, simplemente, me enamoró!!! Me gustó tanto que un día fui con un tour, y al día siguiente repetí la visita, buscándome un taxi privado que me llevara. Quería disfrutar y saborear más ese puente, esa magia al atardecer!

Lo que hace especial el lugar es sin duda la atmosfera tranquila de la gente paseando, un lugar donde muchas personas van al caer la tarde: parejas de enamorados, monjes, turistas, vendedores de bebidas y comida, barqueros que te ofrecen un paseo en barca por el lago mientras ves la puesta de sol…
La gran cantidad de monjes que también se veía paseando por allí daban sin lugar a dudas un toque muy especial al lugar. Esos monjes, con esas túnicas granates, aportaban una magia especial a un lugar que ya es mágico de por sí. Embellecían el paisaje y lo exaltaban.

Disfruté mucho observando la gente, conversando con ellos, integrándome en su cultura, sintiéndome parte de ellos. Y indudablemente disfruté como una enana haciendo fotos, captando instantáneas de momentos donde la belleza trasciende la realidad.


Viajer@... Si vas de visita a Mandalay, éste es un lugar que no te puedes perder!! Para mi gusto mucho más interesante que la misma ciudad de Mandalay. Ahí dejo mi aportación!

El fenómeno monje en Myanmar

Actualización 19 de marzo 2016:

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Cintia


Sin duda alguna algo que hace de Myanmar un país especial es la fuerte presencia de monjes (y monjas) dondequiera que vayas, dondequiera que estés… alegrando el paisaje, derrochando espiritualidad, marcando el sello distintivo de un país budista en estado efervescente.

Hace muy poco estuve en Sri Lanka, otro país budista por excelencia, pero el panorama en cuanto a monjes se refiere es muy diferente. Por supuesto que en Sri Lanka se ven monjes, pero no es ni en todos los lugares, ni en la misma cantidad. Myanmar es especial en ese sentido, y muy bello, por cierto.

Me hacía mucha gracia ver a los monjes vivir sus vidas cotidianas entremezclados con la gente, todo con tanta naturalidad y normalidad. Monjes montados en motocicleta, hablando con sus “peaso” teléfonos móviles, sacando sus “tablets” para hacer fotos, fumando, algunos con tatuajes en sus brazos, tomando algo en algún bar con sus amigos no-monjes… Algo muy curioso y sorprendente era ver como decenas de monjes salían a las calles, todos en fila pronto por la mañana, sobre las 4.30 a.m.cuando todavía es de noche, para ir por las casas pidiendo comida. Muchas personas estaban preparadas en las puertas de sus casas con comida preparada para dar “limonsna”. Otra cosa bastante curiosa era ver monjes mostrándose “coquetos” ante las mujeres… y todo eso me hacía preguntarme acerca de la verdadera naturaleza y el sentimiento devoto de la espiritualidad o verdadero sentir en su naturaleza con Dios.

Había cosas que no acababa de entender, o no me cuadraban en la mente de acuerdo a la idea de monje que yo tengo establecida… Un monje con tatuajes? Un monje fumando? Un monje que te dice “beautiful spanish girl” intentando coquetear contigo en el autobús? Mmmmmm… debía investigar un poco para entender un poco mejor todo ese misterio alrededor de lo que yo llamo “El fenómeno monje”.

Cuando tenía ocasión (a menudo era difícil comunicarse con ellos por cuestiones de idioma) me gustaba preguntarles que les había llevado a convertirse en monjes, hasta que punto eso era una decisión personal o un condicionamiento social, cultural o religioso, si lo suyo era “devoción” o simplemente “tradición”.

Después de hablar con varias personas entendí que el hecho de convertirse en monjes iba muy arraigado a la religión budista, tan fuertemente presente en el país. El budismo tiene diferentes tradiciones y cada país lo vive de maneras diferentes. En Myanmar está establecido que al menos dos veces en la vida los hombres deben ordenarse a monjes (una a la edad de 6-8 años y otra más en la etapa de adultos), pero digamos que hay bastante libertad para ordenarse monjes en cualquier momento de sus vidas, “probar” y si “les gusta” mantenerse así el resto de sus vidas, o si “no les gusta”, pueden dejar de serlo en el momento que ellos decidan.

Para unos padres, tener un hijo monje es algo que da muchos méritos de acuerdo a la tradición budista. Se consigue un buen karma porque se supone que un monje es un ser bueno, puro, bondadoso y eso favorece tanto a sí mismo, como a su familia y al resto de la sociedad.
Muchos padres llevan a sus hijos pequeños de a partir de 4 o 5 años a escuelas donde aprenden enseñanzas budistas, y aunque veamos por la calle “pequeños Buditas” (niños pequeños que parecen monjes), no lo son. Hasta la edad de 18 años, cuando se supone que ya son adultos y pueden decidir por sí mismos, no pueden ordenarse monjes. Por ello, es muy común ver muchos niños y adolescentes con las túnicas moradas y las cabezas rapadas, pero eso no significa que ya se hayan convertido en monjes, simplemente estudian en monasterios y viven con monjes, siguiendo el mismo estilo de vida pero sin serlo oficialmente.

Como comentaba antes, has muchos monjes que lo son desde hace muchos años, o toda una vida, pero hay muchos otros que son monjes “temporalmente”, por eso de que da méritos y trae buena suerte. Muchos hombres se meten a monjes durante una temporada en sus vidas (3 meses,  medio año, 1 año, 3 años….) por motivos personales varios y luego vuelven a su vida “normal” habiendo purificado su espíritu siguiendo una dieta vegetariana, rezando, meditando, absteniéndose de conductas sexuales y haciendo “buenas acciones”, lo cuál suponemos les lleva a ser más felices.
Un bello monje que conocí en el puente de U-Bein en Amurapura me contó que él se metió a monje hacía 12 años cuando se quedó viudo y después de haber vivido una vida de mucho sufrimiento, entre otros motivos por la represión política en la que vive el país. Monjes y monjas han sido también atacados por el control militar indiscriminadamente y muchos han muerto asesinados defendiendo sus derechos y los derechos de una sociedad civil inocente. Ese hombre encontró la paz viviendo una vida monástica y ahora sonreía.



Inle Lake, Mandalay, Bago y más de Myanmar

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Cintia


Myanmar es un país que me ha maravillado, por la belleza de sus lugares y por la belleza y simplicidad de su gente. Tal como contaba en el primer post en el que hablé de Myanmar, ése país tiene algo muy auténtico, algo que sigue imperecedero pese al paso del tiempo. Un algo que le convierte en un país que atrapa al viajero.

A continuación os recomiendo algunos de los lugares que más me impactaron:

La Shwedagon Pagoda, en Yangon

Esta increíble, enorme y majestuosa pagoda, sin duda alguna, el mayor atractivo de Yangón es un templo que deja alucinado a cualquiera. La inmensa pagoda toda bañada en oro desprende una belleza singular, y los cientos de detalles, templos, salas, Budas, estatuas, peregrinos, monjes y gente local que va de visita conforman un escenario en el cuál perderse por al menos un par de horas. Te recomiendo elijas un lugar que te llame y te sientes a meditar. La energía es increíble.































Inle Lake

Esta peculiar localidad, única en toda Myanmar desprende una atmosfera muy especial y diferente a cualquier otro lugar del país. Pescadores pescando con su técnica tan particular, casas, tiendas, mercados y jardines flotantes; templos y pagodas accesible dentro del lago solo con barcas, vendedores pescado, fruta y verdura en barcas,… y un aire tranquilo que impregna el lago, rodeado entre montañas…

Se recomienda alquilar una bicicleta y pasear por los pueblos de alrededor del lago. Si te alejas demasiado, o quieres cruzar al otro lado de lago puedes coger uno de los botes o ferries.



Mandalay

Mandalay city en sí no es una ciudad demasiado espectacular, pero como todas las ciudades tiene lugares bonitos que la hacen especial. Además de la mítica subida a la Mandalay Hill (Colina de Mandalay), la visita a un par de templos grandes y el palacio (que yo no entré)… lo que más me gustó fue la vida en la calle. Observar a su gente, los tenderetes de comida, las camionetas llenas de gente, los monjes con paraguas por la calle y en moto, la gente montando en bicicleta o bañándose en baños públicos en la calle…


En los alrededores de Mandalay hay tres lugares que se acostumbran a visitar en un tour de un día (Inwa, Sagaing y Amurapura). Sagaing no tiene nada especial aparte de otra colina que da a un templo en la cumbre con vistas a la ciudad, similar a la de Mandalay pero la subida es más corta. Inwa es un pueblo muy bonito al cuál se accede desde un lugar concreto cruzando en barca y algo muy típico es recorrerlo montando en uno de sus carruajes tirados a caballo. Y sin duda alguna, el lugar que más me encantó, me fascinó y me enamoró fue el puente de U-Bein Bridge, en Amurapura. La experiencia más fascinante en ése lugar es ir allí a ver la puesta de sol y deleitarte con la gente que se cruza a tu paso y los monjes que colorean el escenario con sus túnicas granates… Pero de éste mítico puente hablaré más detenidamente en otro post.




Bago

Bago es una pequeña localidad a dos horas en tren de Yangón. Bago es un lugar que enamora, por su simpleza, por la calidez sin igual de su gente. Aparte de varios templos preciosos, un enorme Buda reclinado más largo que el Wat Pho de Bangkok (Buda Swhwethalyaung) y algunos otros lugares de interés como puede ser un monasterio donde se puede ir de visita y ayudar a servir la comida de los monjes, éste pequeño tiene algo especial.



Caminar por sus calles me daba la sensación de retroceder en el tiempo… gente sentada en las puertas de las casas, grupos de gente local tranquilamente charlando, niños jugando felizmente en la calle, alegres vendedores  que te saludaban con un alegría desmesurada… sin duda alguna guardo un muy grato recuerdo de Bago!

Bagan

Este mítico lugar de Myanmar enamora a cualquiera. Hay tanto por ver, y tanto por compartir que de él he escrito un post compartiendo mi experiencia más en profundidad.

dijous, 18 de juny del 2015

Bagan, la perla de Myanmar

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Cintia


Cuando viajamos todos tenemos un cliché en la mente del lugar que vamos a viajar. Si vas a París, seguramente tendrás en tu mente gravada la imagen de la Torre Eiffel; si vas a Egipto, andarás en busca de las preciadas y famosas pirámides; o si vas a Perú, no querrás perderte la maravilla del mundo del Machu Picchu.

Cuando decidí viajar a Myanmar, la imagen que bailaba todo el rato por mi cabeza era la de Bagán, con esa multitud de stupas salpicadas haciendo de ése lugar, un lugar único en el mundo. Y sin duda alguna puedo decir que la visita no me decepcionó… es más, me fascinó!

Con decir que en principio iba con la idea de estar 2 o 3 días y al final me quedé una semana… con eso lo digo todo. Aun recuerdo la ilusión con la que me levantaba cada mañana a las 4.30 dispuesta a ver el amanecer desde alguno de sus templos más famosos, la alegría con la que salía del hotel con mi e-bike (bicicleta eléctrica), cámara de fotos en mano, mapa y botella de agua… dispuesta a comerme el mundo!

Y es que Bagan requiere de su tiempo si quieres verla con detenimiento y sin prisas, si quieres disfrutar de sus templos y pagodas sin pensar en el reloj. Pretender verlo todo diría que es casi imposible, pero con días y paciencia puedes conseguirlo. Casi 4000 templos repartidos en una zona arqueológica que abarca 41m2 dan para mucho. Bagan fue una grandiosa ciudad en una llanura del centro de Myanmar encargada de construir por sus reyes entre los siglos XI y XIII. Pese al paso del tiempo, múltiples terremotos e invasiones varias éste lugar aún conserva su esencia y está lejos de calificarse como ruinas… sin duda alguna sigue derrochando magia!!

Es alucinante el espectáculo de templos y pagodas doradas repartidas por toda a llanura, mires donde mires. Es difícil no pararse en cualquiera de sus templos, sean grandes o pequeños, mientras pasas por delante con tu bici o moto, pues siempre hay algo que te llama la atención y te obliga a parar.

Información práctica

  • La entrada al recinto que conforma Bagan cuesta 20 euros, válida hasta 5 días.
  • Hay tres zonas principales: la Antigua Bagan, la Nueva Bagan y Nnya-U. En la Antigua Bagan básicamente se encuentran templos y lugares de interés turístico pues pertenece a la antigua ciudad, lo que sería el interior de la muralla. La Nueva Bagan alberga los alojamientos de medio y alto presupuesto y más templos. Y Nnya-U está tocando a la antigua Bagan y es la localidad donde se encuentran la mayoría de alojamientos económicos para mochileros así como también algunos templos y stupas.
  • Para ver la salida y la puesta de sol vale la pena informarse de los mejores templos, que acostumbran a ser los que tienen un poco más de altura para ver la llanura.
  • No siempre se ve un amanecer o atardecer “de película”. A veces, dependiendo del día o de la temporada, el cielo está más nublado (como me pasó a mi) y no fue fácil poder ver una buena puesta de sol, lo cuál requirió hacer varios intentos y varios madrugones. Lo digo porque si vas con los días justos y de verdad quieres verlo, no lo dejes para el último momento, porque puede que te pierdas tan fascinante espectáculo.
  • Hay una Torre que es el lugar más alto desde donde se puede ver una magnífica panorámica de Bagan. La entrada cuesta 5 euros (unos 5000 kyats) pero vale la pena.

Que recuerdos me llevo?

  • El color de la tierra roja seca atizando la llanura por la escasez de lluvias en ésta temporada.
  • El sol abrasador de más de 45º abrasándote la piel (mediados de mayo), haciendo que bebas litros y litros de agua sin parar.

Con Cristina y Miguel, una pareja de Madrid encantadora
  • Los momentos de perderme con la bici entre caminos de arena que me llevan a perlas de historia.
  • Buscar en el mapa mi próximo destino.
  • Admirar la infinitud y diversidad de templos y pagodas de diferentes formas, colores y tamaños que sobreviven al paso de los años.

  • Disfrutar de multitud de templos remotos yo sola, donde no había nadie… todo el templo para mi… yo con Buda!
  • Ver pasar los coches de caballos, cuál medios de transporte para turistas… transportándote al instante a la Andalucía de toda la vida, o a la feria de Sevilla!

  • Mirar la árida tierra y el horizonte perdido, donde aparentemente no hay nada, y sentir que de repente te sale alguien de detrás de un árbol… un niño diciéndote “hello!”… tu… que aún no ves nada, miras a tu alrededor. De repente aparecen 2 o 3 niños pequeños y canijos, con la cara medio sucia, ofreciéndote postales o pinturas para vender.

  • La sonrisa eterna e infinita de la gente de aquí que me han robado literalmente el corazón. Los “ming-guh-la-ba!” (mangalaba) que significa “hola!” en birmano a cada uno que pasaba…
  • Y como no, los amaneceres y puestas de sol!


Feliz, contenta y satisfecha dije adiós a ésta perla del mundo… dando gracias a la vida por haberme llevado hasta allí y dejarme disfrutar de maravillas como ésa. Cuanto más me sumergía en las profundidades de Myanmar, más me enamoraba de ése país!

dijous, 28 de maig del 2015

Aterrizo en la bella Myanmar: descubriendo sus encantos

Actualización 19 de marzo 2016:

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Cintia


Como puede ser el mundo tan bello? De donde nace tanta belleza? Cómo puede ser el planeta Tierra un lugar tan fascinante, un museo natural de reliquias y perlas tan increíble? Cuanto más viajo más me enamoro de nuestra Madre Tierra, más valoro el milagro de la Gran Creación y más me doy cuenta de la gran responsabilidad que tenemos todos de cuidarla. Me declaro una infinita enamorada de ella!

Querid@s amigos, mi viaje sigue y ésta vez os invito a viajar conmigo en las profundidades de éste bello país en el cual me encuentro ahora, Myanmar. Las dificultades de conexión a Internet me han dificultado ir publicando entradas, pero tengo mucho que contaros!

Llegué llena de ilusiones y esperanzas. Hacía muchos años que tenía ganas de venir a éste país único en Asia que, aún ahora, derrocha autenticidad. Myanmar es Myanmar. Ni India, ni Sri Lanka, ni Nepal, ni Tailandia… por sus orígenes asiáticos sin duda alguna comparten muchas de sus costumbres, pero hay algo que la hace única y especial, por eso es un destino que no deja nunca indiferente al viajero.

Un toque muy auténtico

Cada país tiene su toque, sus particularidades que le distinguen de los demás, su manera de entender e irradiar belleza. Haciendo memoria de los últimos y más recientes viajes que he realizado, por ejemplo Sri Lanka la definiría como una belleza exuberante, India como una belleza mística, Tailandia como una belleza exótica y Myanmar como una belleza simple y calmada.

En éste país parece que el tiempo se haya detenido y el tiempo corra más despacio. Aquí, a excepción de Yangón, la capital, no se tiene la sensación de aglomeración, ruido y masificación como en la mayoría de ciudades asiáticas donde el ruido de las bocinas y el ajetreo de sus gentes pueden colapsar bastante tu sistema… Myanmar te ofrece la posibilidad de viajar a ritmo de bicicleta, barcas y camionetas. Te ofrece la posibilidad de adentrarte en pueblos y ciudades llenos de arena y polvo en las calles recordándote que la vida de la calle sigue como antaño en muchos lugares aún.


Myanmar es un país aun rural, por eso es tan auténtico y puro, y por eso sus gentes son tan amables y hospitalarias. Si algo me ha llamado la atención aquí ha sido precisamente su gente… personas con una simpatía y cordialidad desorbitada, siempre con una sonrisa en la boca, siempre con un gesto de deferencia y acogida. Siempre con un radiante “mengalaba!” (hola! En birmano). Yo siempre me pregunto… y son siempre así? Pues sí… lo son! Nacieron con una gracia especial, y es el de ser infinitamente amables con la gente. Yo no he estado aún en Nepal, pero también he sentido que allí la gente es así… durante mi experiencia en viajes, de lo que es hasta ahora, los birmanos se llevan la medalla a la simpatía y hospitalidad.

Sociedad emergente que conserva su pureza

Definiría su gente como unas personas  muy puras y amables, honestas, abiertas de corazón, aun no corrompidas por el sistema capitalista occidentalizado. Aún no han sido contagiados por “la fiebre del dólar” pese a que claramente se ve un país en expansión y probablemente en unos años el panorama será algo distinto.

Pese a que aquí también ha llegado el fenómeno de los móviles Samsung y se ve a los jóvenes bastante abiertos en temas de moda, música y otros aspectos “occidentales”, se ve muy claramente que el país está muy subdesarrollado. La mayoría de la población vive del campo y mucha de sus gentes viven en el umbral de la pobreza. Cortes de luz, conexión a internet más que deficiente, casas de lo más humiles, dificultad de acceso a servicios básicos como sanidad o educación en muchos lugares… etc.

Conflicto político

El motivo de éste cierto estancamiento social y cierre de puertas al panorama internacional es debido a la historia política del país, un país gobernado por el control militar durante más de 40 años de forma antidemocrática, lo cual ha abierto una gran fisura en la sociedad entre el ejército y la población. Los birmanos siguen subyugados al control militar y pese a que en los últimos 4 o 5 años las cosas van cambiando lentamente, las recientes heridas aún duelen. Son muchos los atentados, ataques, encarcelamientos, asesinatos y ofensas al pueblo… pero lo admirable es que, pese a todo, no pierden la sonrisa. Nunca de los jamases.

Un viejo y tierno monje que conocí en el puente de U-bein, en Amarapura, me contaba “batallitas” de la historia reciente del país, y con tristeza y amargura en los ojos me contaba como él fue ingresado en prisión durante 5 años y todas las penurias de una vida luchando por las libertades. Después de quedarse viudo y de tanto sufrimiento se metió a monje, y lleva 12 años viviendo así, modo de vida en el cuál ha encontrado más paz interior. Pese a todo, “el caldo de cultivo” en éste país sigue latente. Me contaba que en el 2007, hace apenas 8 años, los militares mataron miles de monjes y monjas que reclamaban sus derechos pacíficamente en una huelga. Un triste pasado muy reciente que aún marca fuertemente el presente de los birmanos.

Una sociedad feliz


Algo totalmente sorprendente es que en éste país, más que en ningún otro, mucha gente me ha parado por la calle y con una inmensa sonrisa me ha preguntado: “Are you happy?” (Eres feliz?). Sin duda alguna la base budista que fundamenta la sociedad es un sostén que les ayuda a ser felices, pese a la adversidad. La filosofía de vida budista, basada en una vida humilde y haciendo el bien a otros, siendo generoso y respetuoso con el resto de personas y toda clase de seres vivos, da paz al que de verdad interioriza este modo de ser y entender la vida.

Agradables sorpresas que rompen chichés

Cuando empecé a preparar mi viaje, y mientras leía la guía, lo que queda más retratado es que es un país “controlado”, que hay zonas cerradas sin poder acceder a ellas controladas por los militares y que con el tema visados y cambios de moneda son bastante estrictos.

Lo sorprendente es que una vez aquí, las cosas son mucho más normales y cotidianas de lo que me esperaba. Me imaginaba que a cada momento me iban a ir parando policías y militares para enseñarles mi pasaporte, o que encontraría múltiples militares con rifles cargados en las carreteras… pero de eso nada! Nadie me ha parado, nadie me ha dicho nada, no he visto ningún tipo de control que me produjera ninguna inquietud, nadie me ha pedido ningún pasaporte… y es más… siempre me han regalado una sonrisa! Fueran militares, policías, o revisores de tren.

Eso me hace reflexionar una vez más que la gente en sí es noble, son los medios de comunicación y los líderes políticos que pretenden atacar al adversario los que crean fisuras en la sociedad y pretenden manchar la reputación del otro. Al menos… esa ha sido mi experiencia en todo momento.

Otro tema es que en la guía comenta que aquí los extranjeros no pueden sacar dinero de los cajeros automáticos, siendo obligado traer en dólares desde fuera todo el dinero que se tenga previsto necesitar aquí. Las cosas habrán cambiado en los últimos 2 o 3 años, pues yo pude sacar dinero con mi tarjeta de crédito sin ningún tipo de problema.

El budismo como sello del país

Si hay un país budista por excelencia, ése es Myanmar. La infinidad de pagodas y templos que hay en éste país es increíble. Mires donde mires, siempre aparece a lo lejos, o más cerca, alguna de sus infinitas pagodas doradas o algún pequeño templo con homenaje a Buda.

Viajar en bus o en tren es una de las formas de darse cuenta cuán presente está el budismo pues todo el país, pues a lo largo y ancho, está salpicado de éstas bellas doradas pagodas, lugares sagrados y templos que crean un aura especial en éste lugar.
Aun así, es un budismo que yo percibo diferente al que practican en Sri Lanka. Aquí es como más tranquilo, más “hacia adentro”. En Sri Lanka es más devoto, más patriota a nivel nacional… con banderas budistas por todos sitios, con una profunda devoción cada día de mes de luna llena (“Pooja day” como le llaman ellos) y homenajes a Buda en cada rincón… buses, taxis, coches, restaurantes,…


¿Qué ven mis ojos?

Una de las cosas que más me gusta es mirar a mi alrededor, detenerme a observar la gente, los lugares, las costumbres desde mi silla en un restaurante, mientras paseo por la calle, mirando desde la ventana del tren… y aquí comparto con vosotros algunos de mis recuerdos y notas de mi cuaderno…
  •        -Vendedores de fruta que llevan en los hombros grandes cestos de paja cargados de fruta.
  •          -Camionetas llenas de gente, todos apretados e incluso subidos en lo alto entremezclados con cestos, frutas, verduras, madera o sacos de lo que sea!
  •          -Motos y bicicletas transportando familias enteras.
  •         - Mujeres con largas cabelleras y flores de jazmín en el pelo.
  •         -  Hombres, mujeres y niños con la cara pintada de un amarillo claro. Una costumbre que atraviesa el país de arriba abajo y ellos se lo ponen como protector solar.
  •          - Monjes y monjas en moto, en camionetas, caminando con paraguas bajo el sol abrasador.
  •         -  Puestos callejeros de lo más austeros y sencillos preparando comidas y snacks deliciosos: arroz con curry, noodles, samosas, sopas de fideos…
  •          - Hombres y mujeres con “lunguis” (esa tela que les sirve de falda, vestimenta nacional a lo largo y ancho del país y también muy común en otros países asiáticos).
  •          - Triciclos destartalados que sirven como taxis, pedaleados por hombres de piel morena y gorros de paja.
  •         -  Grupos de monjes y monjas que pronto por la mañana salen todos en fila por las calles a buscar comida por las casas.
  •          Niños de piel castigada y pies descalzos que se acercan a venderte postales o refrescos.
  •          Madres y padres con bebés en brazos que al verte alegre y muy amablemente te saludan y te invitan a que hables, cojas o saludes a su pequeño bebé, como un acto de deferencia hacia ti…
  •         Personas en las aceras y márgenes de las carreteras sentadas sin hacer nada especial, conversando, fumando, riendo,…
  •          Hombres y mujeres de dientes manchados de color rojo intenso por una hoja que ellos mastican, tipo “coca”.
  •          Grupos de jóvenes que van por las calles, riendo, escuchando música en sus móviles y te saludan muy amable y respetuosamente, haciéndote sentir que conservan la inocencia pese al paso de los años.
  •          Mujeres y hombres mayores de piel arrugada pedaleando sus bicicletas, con sus caras pintadas y gorros de paja.
  •          Niños pequeños jugando en los márgenes de las carreteras medio desnudos, sin juguetes, con cualquier palo o objeto que puedan encontrarse…
  •          Bueyes, vacas, cerdos, gallinas, gallos, perros y gatos en las puertas de las casas… conservando la esencia de los pueblos, desacelerando el ritmo de vida.
  •          Puestos de noodles por todos sitios! Sin duda alguna la comida oficial del país!

Seguiré relatándoos mi viaje por Myanmar a través de mi experiencia por algunas de sus ciudades y pueblos más encantadores… Gracias por estar ahí, gracias por leerme, gracias por viajar conmigo!!

Un abrazo a todos, viajeros y no viajeros!!

Con amor,

Cintia