dijous, 18 de juny de 2015

Bagan, la perla de Myanmar

Actualización 19 de marzo 2016:

Ya he transferido completamente éste blog a mi nuevo blog www.cintiasloveinaction.com

He puesto mucha energía en él y me encantaría veros por allí.
Os espero con los brazos abiertos!

Cintia


Cuando viajamos todos tenemos un cliché en la mente del lugar que vamos a viajar. Si vas a París, seguramente tendrás en tu mente gravada la imagen de la Torre Eiffel; si vas a Egipto, andarás en busca de las preciadas y famosas pirámides; o si vas a Perú, no querrás perderte la maravilla del mundo del Machu Picchu.

Cuando decidí viajar a Myanmar, la imagen que bailaba todo el rato por mi cabeza era la de Bagán, con esa multitud de stupas salpicadas haciendo de ése lugar, un lugar único en el mundo. Y sin duda alguna puedo decir que la visita no me decepcionó… es más, me fascinó!

Con decir que en principio iba con la idea de estar 2 o 3 días y al final me quedé una semana… con eso lo digo todo. Aun recuerdo la ilusión con la que me levantaba cada mañana a las 4.30 dispuesta a ver el amanecer desde alguno de sus templos más famosos, la alegría con la que salía del hotel con mi e-bike (bicicleta eléctrica), cámara de fotos en mano, mapa y botella de agua… dispuesta a comerme el mundo!

Y es que Bagan requiere de su tiempo si quieres verla con detenimiento y sin prisas, si quieres disfrutar de sus templos y pagodas sin pensar en el reloj. Pretender verlo todo diría que es casi imposible, pero con días y paciencia puedes conseguirlo. Casi 4000 templos repartidos en una zona arqueológica que abarca 41m2 dan para mucho. Bagan fue una grandiosa ciudad en una llanura del centro de Myanmar encargada de construir por sus reyes entre los siglos XI y XIII. Pese al paso del tiempo, múltiples terremotos e invasiones varias éste lugar aún conserva su esencia y está lejos de calificarse como ruinas… sin duda alguna sigue derrochando magia!!

Es alucinante el espectáculo de templos y pagodas doradas repartidas por toda a llanura, mires donde mires. Es difícil no pararse en cualquiera de sus templos, sean grandes o pequeños, mientras pasas por delante con tu bici o moto, pues siempre hay algo que te llama la atención y te obliga a parar.

Información práctica

  • La entrada al recinto que conforma Bagan cuesta 20 euros, válida hasta 5 días.
  • Hay tres zonas principales: la Antigua Bagan, la Nueva Bagan y Nnya-U. En la Antigua Bagan básicamente se encuentran templos y lugares de interés turístico pues pertenece a la antigua ciudad, lo que sería el interior de la muralla. La Nueva Bagan alberga los alojamientos de medio y alto presupuesto y más templos. Y Nnya-U está tocando a la antigua Bagan y es la localidad donde se encuentran la mayoría de alojamientos económicos para mochileros así como también algunos templos y stupas.
  • Para ver la salida y la puesta de sol vale la pena informarse de los mejores templos, que acostumbran a ser los que tienen un poco más de altura para ver la llanura.
  • No siempre se ve un amanecer o atardecer “de película”. A veces, dependiendo del día o de la temporada, el cielo está más nublado (como me pasó a mi) y no fue fácil poder ver una buena puesta de sol, lo cuál requirió hacer varios intentos y varios madrugones. Lo digo porque si vas con los días justos y de verdad quieres verlo, no lo dejes para el último momento, porque puede que te pierdas tan fascinante espectáculo.
  • Hay una Torre que es el lugar más alto desde donde se puede ver una magnífica panorámica de Bagan. La entrada cuesta 5 euros (unos 5000 kyats) pero vale la pena.

Que recuerdos me llevo?

  • El color de la tierra roja seca atizando la llanura por la escasez de lluvias en ésta temporada.
  • El sol abrasador de más de 45º abrasándote la piel (mediados de mayo), haciendo que bebas litros y litros de agua sin parar.

Con Cristina y Miguel, una pareja de Madrid encantadora
  • Los momentos de perderme con la bici entre caminos de arena que me llevan a perlas de historia.
  • Buscar en el mapa mi próximo destino.
  • Admirar la infinitud y diversidad de templos y pagodas de diferentes formas, colores y tamaños que sobreviven al paso de los años.

  • Disfrutar de multitud de templos remotos yo sola, donde no había nadie… todo el templo para mi… yo con Buda!
  • Ver pasar los coches de caballos, cuál medios de transporte para turistas… transportándote al instante a la Andalucía de toda la vida, o a la feria de Sevilla!

  • Mirar la árida tierra y el horizonte perdido, donde aparentemente no hay nada, y sentir que de repente te sale alguien de detrás de un árbol… un niño diciéndote “hello!”… tu… que aún no ves nada, miras a tu alrededor. De repente aparecen 2 o 3 niños pequeños y canijos, con la cara medio sucia, ofreciéndote postales o pinturas para vender.

  • La sonrisa eterna e infinita de la gente de aquí que me han robado literalmente el corazón. Los “ming-guh-la-ba!” (mangalaba) que significa “hola!” en birmano a cada uno que pasaba…
  • Y como no, los amaneceres y puestas de sol!


Feliz, contenta y satisfecha dije adiós a ésta perla del mundo… dando gracias a la vida por haberme llevado hasta allí y dejarme disfrutar de maravillas como ésa. Cuanto más me sumergía en las profundidades de Myanmar, más me enamoraba de ése país!

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